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Conforme al tercer principio de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, realizada en el seno de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Naciones Unidas, 1992), ha quedado definido el desarrollo sostenible como aquel desarrollo que “responda equitativamente a las necesidades de desarrollo y ambientales de las generaciones presentes y futuras” y, con arreglo a otros de sus principios, son requisitos indispensables del desarrollo sostenible: el desarrollo económico, la cohesión social y la protección del medio ambiente y del patrimonio cultural. en sucesivos epígrafes se estudiarán estos tres parámetros del desarrollo sostenible desde la perspectiva de la planificación urbanística y territorial.
En todo lo referente al desarrollo económico se sabe que los modelos de crecimiento de baja densidad o disperso de las ciudades favorecen el despilfarro de recursos públicos, puesto que el mantenimiento de esas zonas es tremendamente alto y tienden a deteriorarse mucho con el tiempo, por esta razón se recomienda utilizar modelos de crecimiento urbano continuos y de cierta compacidad. Esto reporta beneficios de formas insospechadas puesto que por ejemplo reduce el número de desplazamientos en vehículo privado y por tanto los gastos energéticos.
En cuanto a la cohesión social es preciso decir que son precisamente las políticas urbanísticas las que posibilitan derechos tan fundamentales como el que se refiere al derecho a una vivienda digna, el derecho a la salud, a la educación, a los servicios sociales, a la cultura... Por último un crecimiento sostenible facilita la existencia de lugares de reunión y contacto entre los habitantes de los nuevos barrios. Se debe recordar que se encuentran también entre los derechos fundamentales del individuo el derecho a la participación en la vida política, económica, cultural y social del municipio. Esto se concreta en los derechos de reunión y asociación.
Es importante también la preservación del medio ambiente. Estas políticas inciden de dos maneras en el medio ambiente. Por un lado en la ocupación del suelo que se sustrae a la naturaleza y por otro lado la emisión de contaminantes originada por los desplazamientos en vehículos a motor. La ocupación del suelo se puede reducir con los modelos de crecimiento no disperso de los que se hablaba anteriormente. El aumento de la contaminación por la combustión de combustibles fósiles supone graves riesgos para la salud humana, incide en el calentamiento atmosférico y provoca serios daños en nuestro patrimonio arquitectónico.
Este último punto podría enlazarse también con la preservación del patrimonio cultural y arquitectónico. El impacto de estas políticas se basa en la superposición de asentamientos de otras culturas, también es preciso mencionar que un sistema de transporte basado en el vehículo privado limita enormemente el disfrute del paisaje urbano.
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