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La Semana Santa de Zamora constituye la mayor y más profunda
expresión de las tradiciones y el sentimiento del pueblo de Zamora; y es motivo de
atracción para millares de turistas procedentes de todas las regiones españolas y
también del extranjero. Esta consideración ha quedado reflejada en el reconocimiento de
«interés turístico internacional». Los orígenes de la Semana Santa de Zamora se
remontan al siglo XII; y algunas de sus cofradías, como la Vera Cruz, son de las más
antiguas de España.
Mezcla de tradición y religión con
sentimiento hondo, que se transmite de padres a hijos como una herencia cultural, hasta el
extremo que desde niños estos son inscritos en una o varias cofradías.
El discurrir de la Semana Santa utiliza como
escenario e itinerario obligado las calles antiguas de la ciudad, que dan mayor sobriedad
y recogimiento a los desfiles procesionales. Son precisamente las procesiones el eje
central de la Semana Santa. Cada una de ellas nos ofrece su ritual particular y diferente.
La del «Silencio» en la que el alcalde ofrece el silencio a la ciudad y de la
que toma juramento el obispo. En la noche del miércoles la cofradía de las «Capas
Pardas» recorren las calles más añejas de la ciudad los cofrades ataviados con las
capas pardas alistanas y portando faroles protagonizan, a los sones de las matracas y los
bombardinos, una de las procesiones más espectaculares y extrañas de las que se conocen.
En la noche del Jueves Santo el Miserere,
entonado por los cofrades de «El Yacente» nos transporta a otras épocas lejanas, de
total recogimiento y profundo sentir religioso. En la noche del jueves al viernes se
suceden procesiones que continúan en la madrugada, cuando el «merlú» con el toque de
corneta y tambor va convocando a los cofrades para su procesión que comienza a las cinco
de la mañana con el tradicional baile del paso «Cinco de Copas», como se le conoce
popularmente, y a los acordes de la marcha de Thalberg. |